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Un tesoro que recuperar

Pluma de Fe: Testigo auténtico de la verdad

Un tesoro que recuperar

Imagen referencial. Foto por: Pixabay / CATOLIN

(CATOLIN). En el camino de mi conversión he descubierto un gran tesoro que debemos recuperar: el rezo del Santo Rosario. Un sacramental que, para muchos, puede parecer anticuado, pues suelen asociarlo con que es solo “para viejitas”. Sin embargo, para muchos otros es un arma espiritual poderosa contra el maligno.

Recuerdo con mucha nostalgia las noches de mi infancia que pasaba en casa de mi abuelita Amanda. Ella me pedía que rezáramos el Rosario juntas y, debido a su escasa vista, al final me pedía que leyera todas las letanías para poder concluirlo.
Mi abuelita reza —porque lo sigue haciendo cada noche— por el descanso eterno de sus padres, por sus hijas, por sus nietos y bisnietos, por su hermana, por todos sus familiares, por toda la Iglesia, por los sacerdotes y las religiosas, por la paz en el mundo y por muchas otras intenciones más. ¡Mucho bien espiritual, sembró mi abuelita en mi alma! Y como te decía, en este camino de conversión he tomado mayor conciencia de este bien.

Me parece hermoso y maravilloso ver a personas que, con amor, entrega y devoción, en medio de sus ocupaciones diarias y sin importar su vocación o su edad, dedican un momento para rezar el Santo Rosario. ¡Cuántas intenciones recorrerán esas cuentas! Sin duda, las familias de quienes lo rezan están en manos de la Santísima Virgen María.

En mi caso, cada amanecer me pregunto: ¿En qué momento del día rezaré el Santo Rosario? Siempre deseo agradecer a nuestra Madre Santísima todo su amor e intercesión y encomendarle a la Iglesia Católica, al mundo entero, a los sacerdotes y tantas otras necesidades. Incluso le pido por mi propia conversión y santidad.

Es verdad que pueden surgir muchas excusas para posponer este sacramental; a mí misma me ha pasado. Pero en este camino he comprendido que no puedo dejar pasar un día sin rezarlo. En ocasiones he tenido días demasiados ocupados o abrumadores en los que no lo he hecho; sin embargo, cuando eso ocurre —que son los menos, por gracia de Dios— lo retomo.

He experimentado que en los días en que no lo rezo aparece el desánimo, la tibieza y el desconsuelo; incluso suelo enojarme con mayor facilidad. Entonces descubro que el demonio, con sus engaños, susurra: “No te preocupes, si no lo rezas no pasa nada”. A veces, con tristeza, caigo; pero con valentía me levanto y lo retomo, porque es verdad: el Santo Rosario es un tesoro que todos, como hijos de Dios y de María Santísima, medianera de todas las gracias, debemos recuperar.

Todos vamos en camino de conversión, y a propósito, ya viene el tiempo favorable de la cuaresma, por eso te digo y animo: no importa en qué momento del día lo reces, pero no lo dejes, empieza si se te dificulta por un misterio, y luego dos y cuando veas lo estarás acabando completo. Rézalo por amor, por gratitud y por necesidad como un bien para tu alma. Como dijo san Josemaría Escrivá: “¡Bendita monotonía de avemarías que purifica la monotonía de mis pecados!”.

Anímate y sé un testigo auténtico de la Verdad rezando cada día esta arma poderosísima del Santo Rosario.

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