Obispos han sido consagrados por la FSSPX sin mandato pontificio
– Los nuevos obispos —el suizo Pascal Schreiber; el estadounidense Michael Goldade; y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier— han sido designados auxiliares de la Fraternidad.

La celebración en Ecône con motivo de la consagración de cuatro nuevos obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
(CATOLIN). -la Fraternidad Sacerdotal San Pío X llevó a cabo este miércoles la consagración de cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio, un acto de abierta desobediencia a la autoridad del Papa que conlleva la excomunión automática de los seis implicados, con base al Derecho Canónico.
La ceremonia ilícita tuvo lugar en la pradera de Ecône (Suiza), sede del seminario internacional de la Fraternidad, este es el mismo lugar donde Mons. Lefebvre hace 38 años provocó la ruptura con Roma al consagrar a cuatro obispos sin el preceptivo mandato pontificio.
Los encargados de ejecutar el cisma fueron los dos únicos supervivientes de las consagraciones ilegítimas de 1988. Dicha ceremonia fue presidida por el obispo español Mons. Alfonso de Galarreta como consagrante principal, asistido por el suizo Mons. Bernard Fellay como co-consagrador.
Los nuevos obispos —el suizo Pascal Schreiber; el estadounidense Michael Goldade; y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier— han sido designados auxiliares de la Fraternidad con el objetivo declarado de servir a la Iglesia, aunque, en la práctica, este acto supone un paso decisivo hacia la ruptura.
El trono en el que se sentó Mons. De Galarreta fue el mismo utilizado en su día por Mons. Lefebvre, y los paramentos usados por los obispos que fueron los que revistieron a los 4 obispos ordenados hace 38 años.
Mons. De Galarreta, expresó las fórmulas litúrgicas, rigurosamente en latín, de espaldas a los 17.000 fieles presentes —según estimaciones de los organizadores—, procedentes de cerca de setenta países.
En las formas, la consagración episcopal siguió un rito válido, pero carecía del elemento clave para que fuera lícita: el mandato del Papa.
El acto se inició con una solemne procesión hasta el altar instalado bajo una carpa, en la que participaron miembros de diversas órdenes religiosas vinculadas a la Fraternidad. En primera fila se situaron los sacerdotes y las monjas vinculadas a la fraternidad.
Entre los asistentes se encontraban numerosas familias, que siguieron la ceremonia a través de pantallas gigantes instaladas en la pradera suiza.
En principio, estos fieles no incurrieron automáticamente en excomunión. Según explicó el P. Pierpaolo Dal Corso, experto en Derecho Canónico Penal y Sacramental, esta solo se aplicaría si rechazaran la autoridad del Papa o la legitimidad de la Iglesia Católica.
En 1996, el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos aclaró que la excomunión por cisma no se aplica automáticamente a quienes asisten a celebraciones de la Fraternidad. En la misma línea, el canonista Mons. William King señaló que la excomunión requiere una adhesión consciente a la negación de la autoridad del Papa.
Antes del rito de consagración, tomó la palabra el superior general de la Fraternidad, el P. Davide Pagliarani, quien llegó a defender incluso la necesidad de canonizar a Mons. Lefebvre.
Al respecto, el P. Pagliarani leyó un texto en el que justificó las consagraciones apelando a un supuesto “estado de necesidad”, argumento ya utilizado en 1988, aunque la Santa Sede ha reiterado en diversas ocasiones que no resulta aplicable, especialmente tras una advertencia explícita del Papa.
En su intervención, dejó clara su ruptura doctrinal, afirmando que “habida cuenta que desde el Concilio Vaticano Segundo hasta nuestros días, las autoridades de la Iglesia están imbuidas de un espíritu contrario al de la fe y obran contra la santa tradición”.
“Estimamos que es un deber sagrado para con la Santa Iglesia y las almas proceder con la consagración de obispos plenamente fieles a la Santa Tradición y el magisterio constante de la Iglesia”, añadió.
Los cuatro candidatos pronunciaron su juramento en latín, comprometiéndose incluso a “luchar contra los herejes cismáticos”.
El discurso del superior general de los lefebvrianos insistió en rechazar lo que consideró un “falso dilema” entre fidelidad a la fe y comunión eclesial, intentando argumentar que su decisión no supone una ruptura con la Iglesia Católica.
“Se nos acusa de no respetar al Papa, pero es precisamente porque lo amamos como vicario de Cristo por lo que no queremos verlo humillado al lado de falsos pastores, de representantes de falsas religiones”, dijo el P. Pagliarani, cerrando de facto la puerta al diálogo ecuménico e interreligioso.
“Vivimos estas consagraciones en el gozo y en la esperanza. No las vivimos en la polémica ni en la tensión ni en la amargura ni en el resentimiento”, agregó.
«Vuestros peores enemigos no os van a atacar frontalmente para intentar deslizaros gradualmente, hacia una percepción más actualizada de la fe hacia a las relaciones con el mundo. Cuando sintáis este peligro, reflexionad, rezad, tomad consejo, evaluad, permaneced inmóviles antes de reaccionar como una serpiente», invitó a los nuevos obispos consagrados.
«Nunca jamás retrocedáis. Eso es lo que significa ser como una serpiente. Darse cuenta de la doblez, de la ambigüedad, de la astucia que está en el mundo. Dios nos pide ahora ser tratados como rebeldes”, concluyó.
Lo ocurrido en 1988
Tras las consagraciones episcopales sin mandato papal realizadas por su fundador, el arzobispo Marcel Lefebvre, la respuesta llegó dos días después: el 2 de julio, San Juan Pablo II publicó el motu proprio Ecclesia Dei, en el que hablaba abiertamente de “ruptura” de la comunión eclesial y creaba una comisión para facilitar la reconciliación de los fieles vinculados a la Fraternidad.
Para cualquier Pontífice, un cisma constituye una tragedia; en el caso de León XIV, adquiere una dimensión aún más compleja también desde el plano personal. El Papa pertenece a la Orden de los agustinos, la misma a la que pertenecía Martin Lutero, protagonista del gran cisma protestante que dividió en dos a la Iglesia.
Pese a que los sacerdotes de la Fraternidad están suspendidos, el Papa Francisco les concedió facultades para confesar y asistir matrimonios. En caso de confirmarse el cisma, estas concesiones podrían ser revisadas.
Mientras tanto se está a la espera de la reacción de Roma, quien lamentó en un comunicado que “debido a las circunstancias excepcionales, estas consagraciones hayan debido conferirse sin la autorización del Santo Padre”.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




