Papa León XIV llama a las familias a redescubrir la esperanza y el don de la vida
– En su catequesis, el Papa subraya que la Pascua de Cristo ilumina la vocación de los padres y el valor de generar, custodiar y promover la vida

Papa León XIV. Foto por: Vatican News
Por: CATOLIN
(CATOLIN).- El Papa León XIV continuó este miércoles con su ciclo de catequesis sobre la Pascua de Cristo, destacando que este misterio “ilumina la vida” y permite mirarla “con esperanza”. Desde la Plaza de San Pedro, el Pontífice advirtió que muchas personas viven hoy fatigadas o desanimadas, pero recordó que la existencia es un don que debe ser “alimentado, custodiado y relanzado”.
Al profundizar en el sentido de la vida, el Papa subrayó que toda persona llega al mundo sin haberlo decidido y, por eso, surgen preguntas esenciales como “¿quiénes somos?” y “¿a dónde vamos?”. Frente a estas incertidumbres, insistió en el papel decisivo de la esperanza, que permite caminar sin rendirse y descubrir que la existencia no es un vacío, sino un camino hacia el hogar del Padre.
El Papa alertó sobre una “enfermedad difundida en el mundo: la falta de confianza en la vida”, que lleva a muchos a ver la existencia con temor o resignación. Ante esto, afirmó que hoy más que nunca es urgente recuperar el valor de vivir y testimoniar que Dios es “el amante de la vida”.
De manera especial, resaltó la misión de padres y madres:
“Generar quiere decir poner vida en otro”, dijo, recordando que el hombre y la mujer fueron creados a imagen de Dios y llamados a generar “por amor y en el amor”.
El Papa señaló que la maternidad y la paternidad son una “maravillosa aventura”, incluso en contextos sociales donde las familias enfrentan cargas, dificultades, proyectos truncados y sueños heridos. Aun así, animó a confiar en Dios y en su fidelidad, que sostiene a la humanidad incluso cuando cae en la violencia, el egoísmo o la división.
Además de la paternidad y maternidad biológica, el Papa amplió el sentido de “generar vida” a otras dimensiones esenciales para los padres de familia y para toda comunidad:
- Construir una economía solidaria
- Buscar el bien común
- Cuidar la creación
- Ofrecer consuelo mediante la escucha y la ayuda concreta
Estas formas de generar vida —dijo— son caminos concretos para promover lo humano en todas sus expresiones.
Finalmente, el Papa León XIV aseguró que la esperanza cristiana no es un sentimiento vacío, sino una fuerza real:
La Resurrección de Cristo sostiene a las familias incluso cuando “las tinieblas del mal oscurecen el corazón y la mente”.
Recordó que el Señor Resucitado “camina con nosotros y por nosotros”, renovando la vida donde parece apagada.
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles, 26 de noviembre de 2025
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos!
La Pascua de Cristo ilumina el misterio de la vida y nos permite mirarlo con esperanza. Esto no es siempre fácil o se da por descontado. Muchas vidas, en todas las partes del mundo, aparecen como fatigadas, dolorosas, llenas de problemas y de obstáculos por superar. Sin embargo, el ser humano recibe la vida como un don: no la pide, no la elige, la experimenta en su misterio desde el primer día hasta el último. La vida tiene su especificidad extraordinaria: nos es ofrecida, no podemos dárnoslas nosotros mismos, y tiene que ser alimentada constantemente: es necesario un cuidado que la mantenga, la haga dinámica, la custodie, la relance.
Se puede decir que la pregunta sobre la vida es una de las cuestiones abismales del corazón humano. Hemos entrado en la existencia sin haber hecho nada para decidirlo. Da esta evidencia brotan como un rio en crecida las preguntas de todo tiempo: ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es el sentido final de todo este viaje?
En efecto, vivir invoca un sentido, una dirección, una esperanza. Y la esperanza actúa como el impulso profundo que nos hace caminar en las dificultades, que no nos hace rendirnos ante las fatigas del viaje, que nos asegura que el peregrinaje de la existencia nos conduce a casa. Sin esperanza la vida corre peligro de aparecer como un paréntesis entre dos noches eternas, una breve pausa entre el antes y el después de nuestro paso por la tierra. Esperar en la vida significa en cambio saborear la meta, creer como seguro aquello que no vemos, todavía no vemos ni tocamos, fiarse y confiarse en el amor de un Padre que nos ha creado porque nos ha querido con amor y nos quiere felices.
Queridos, en el mundo hay una enfermedad difundida: la falta de confianza en la vida. Como si nos hubiésemos resignado a una fatalidad negativa, de renuncia. La vida corre el riesgo de no representar más una posibilidad recibida como don, sino una incógnita, casi una amenaza de la cual preservarse para no desilusionarnos. Por esto, el valor de vivir y de generar vida, de testimoniar que Dios es por excelencia «El amante de la vida», como afirma el Libro de la Sabiduría (11,26), es hoy más que nunca un llamado urgente.
En el Evangelio Jesús confirma constantemente su premura por curar a los enfermos, resanar cuerpos y espíritus heridos, volver a dar vida a los muertos. De esta manera, el Hijo encarnado revela al Padre: restituye dignidad a los pecadores, acuerda el perdón de los pecados e incluye a todos, especialmente a los desesperados, a los excluidos, a los alejados de su promesa de salvación.
Generado del Padre, Cristo es la vida y ha generado vida sin ahorrarse hasta donarnos la suya, y nos invita a donar nuestra vida. Generar quiere decir poner vida en otro. El universo de los vivientes se ha extendido a través de esta ley, que en la sinfonía de las criaturas conoce un admirable “crescendo” culminante en el dueto del hombre y de la mujer: Dios los ha creado según su propia imagen y a ellos ha confiado la misión de generar también a su imagen, ósea por amor y en el amor.
Desde el inicio la Sagrada Escritura nos revela que la vida justamente en su forma más elevada, aquella humana, recibe el don de la libertad y se convierte en un drama. Así las relaciones humanas están también marcadas por la contradicción, hasta el fratricidio. Caín percibe al hermano Abel como una competencia, una amenaza, y en su frustración no se siente capaz de amarlo y de estimarlo. He aquí los celos, la envidia, la sangre (Gen 4,1-16). La lógica de Dios, en cambio, es otra. Dios permanece fiel por siempre a su diseño de amor y de vida; no se cansa de sostener a la humanidad también, cuando tras los rastros de Caín, obedece al instinto ciego de la violencia en las guerras, en las discriminaciones, en el racismo, en las múltiples formas de esclavitud.
Generar significa entonces confiarse en el Dios de la vida y promover lo humano en todas sus expresiones: ante todo en la maravillosa aventura de la maternidad y de la paternidad, también en contextos sociales en los que las familias fatigan en el sostener lo oneroso del cotidiano, siendo a menudo truncadas en sus proyectos y en sus sueños. En esta misma lógica, generar es comprometerse con una economía solidaria, buscar el bien común igualmente usufructuado por todos, respetar y cuidar a la creación, ofrecer consuelo con la escucha, la presencia, la ayuda concreta y desinteresada.
Hermanas y hermanos, la Resurrección de Jesucristo es la fuerza que nos sostiene en este desafío, también allí donde las tinieblas del mal oscurecen el corazón y la mente. Cuando la vida parece haberse apagado, bloqueado, he aquí que el Señor Resucitado pasa de nuevo, hasta el fin de los tiempos, y camina con nosotros y por nosotros. Él es nuestra esperanza.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




