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León XIV reflexiona sobre la muerte como “hermana” y camino hacia la vida eterna

– En la Audiencia General, el Papa aborda el tabú contemporáneo de la muerte, cuestiona las promesas del transhumanismo y afirma que solo la resurrección de Cristo ilumina plenamente este misterio

Leon XIV reflexiona sobre la muerte como hermana y camino hacia la vida eterna

Papa León XIV

Por: CATOLIN

(CATOLIN).- Durante la Audiencia General de los miércoles, el papa León XIV dedicó su catequesis a reflexionar sobre la muerte, uno de los temas más universales y, al mismo tiempo, más evitados en la sociedad actual. Lejos de presentarla como un final oscuro, el Pontífice afirmó que la muerte es “el umbral luminoso que Cristo abrió con su resurrección” y un paso necesario hacia la vida plena y eterna que anhela el corazón humano.

El Papa explicó la paradoja que la muerte representa para el ser humano: es natural, porque todos los seres vivos mueren, pero al mismo tiempo es antinatural, ya que el deseo de vida y de eternidad hace que sea percibida como una condena o un contrasentido. Señaló que solo el ser humano se plantea el sentido de esta “última puerta”, porque es consciente de su destino mortal, una conciencia que le provoca angustia. A diferencia de los animales, que pueden percibir el sufrimiento o la cercanía de la muerte, el hombre se interroga por el sentido de la vida y de su fin.

León XIV también se refirió a la actitud de la sociedad moderna, que tiende a convertir la muerte en un tabú. Describió esta postura como una forma de censura social que busca mantenerla alejada, hablar de ella en voz baja o evitar incluso la visita a los cementerios, donde descansan quienes han precedido a los vivos a la espera de la resurrección. Frente a esta mentalidad, el Papa invitó a mirar la muerte sin temor, apoyándose en la tradición de la Iglesia. Citó a san Alfonso María de Ligorio, quien la definía como una “gran maestra de vida”, capaz de ayudar a discernir lo que es pasajero de lo que realmente vale la pena.

En su catequesis, el Pontífice abordó también el desafío del transhumanismo y sus promesas de una supuesta inmortalidad tecnológica. Planteó de manera directa la cuestión: “¿Podría la ciencia vencer realmente a la muerte? Pero entonces, ¿podría la misma ciencia garantizarnos que una vida sin muerte es también una vida feliz?”. Ante este planteamiento, subrayó que la respuesta cristiana no se reduce a soluciones técnicas, sino que se fundamenta en una esperanza más profunda.

El centro de su mensaje fue la resurrección de Cristo, que transforma radicalmente la comprensión de la muerte. Inspirándose en el Evangelio de san Lucas, León XIV evocó la luz que se insinúa al final del día de la crucifixión como anticipo de la mañana de Pascua. Citó el pasaje que señala: “Era el día de la Preparación y ya comenzaba el sábado”, interpretándolo como una luz que empieza a brillar incluso cuando el cielo parece cerrado y mudo.

Según explicó, la resurrección es “la luz nueva” que ilumina este misterio y hace verdadera la esperanza cristiana de que la muerte no sea el final, sino el paso hacia la luz plena y hacia una eternidad feliz. En este sentido, afirmó que la muerte no se opone a la vida, sino que es su tránsito definitivo hacia la vida eterna.

Finalmente, el Papa invitó a los fieles a vivir este misterio con la confianza que brota de la Pascua. Recordó que Cristo resucitado ha precedido a la humanidad en la prueba de la muerte y ha salido victorioso por el poder del amor divino, preparando así el lugar del descanso eterno. León XIV concluyó señalando que, gracias a Cristo, y en palabras de san Francisco de Asís, el cristiano puede llamar a la muerte “hermana”, esperándola con la certeza de la resurrección y sin el miedo a desaparecer para siempre, en la esperanza de la vida sin fin.



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