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León XIV bendice la torre de Jesucristo en la Sagrada Familia y llama a una fe que transforme la vida

– Durante la celebración eucarística en Barcelona, el Pontífice inauguró los actos por el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, centró su homilía en Cristo y exhortó a la conversión con un llamado a rechazar la guerra, la indiferencia y toda forma de atentado contra la dignidad humana.

Leon XIV bendice la torre de Jesucristo en la Sagrada Familia y llama a una fe que transforme la vida

Captura de Pantalla. Foto por: Vatican News

(CATOLIN).– En una celebración marcada por el simbolismo cristiano, la oración y el legado espiritual de Antoni Gaudí, el Papa León XIV presidió este miércoles 10 de junio la Santa Misa en la Basílica de la Sagrada Familia, donde además bendijo la torre de Jesucristo, considerada la más alta de la cristiandad.

La celebración formó parte del inicio de los actos conmemorativos por el centenario del fallecimiento del Venerable Antoni Gaudí. Miles de fieles acompañaron el recorrido del Santo Padre por las calles de Barcelona, mientras diversas autoridades civiles y religiosas participaron en la ceremonia.

Antes del inicio de la Eucaristía, uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando una niña llamada Valentina presentó una maqueta táctil de la nueva torre, desarrollada para facilitar la comprensión arquitectónica del templo. Tras recibir un rosario de manos del Papa, expresó su agradecimiento con emoción.

Posteriormente, el Pontífice ingresó a la Capilla del Santísimo Sacramento para un momento de oración y descendió después a la cripta neogótica del templo, donde oró ante la tumba de Gaudí y encendió una vela junto a la lápida del arquitecto cuya causa de beatificación continúa abierta.

La liturgia inició con el Kyrie en griego y el Gloria en latín. La proclamación del Evangelio retomó las palabras de Cristo: «Si no creéis que “Yo Soy”, moriréis en vuestros pecados» (Jn 8,24), texto que se convirtió en el eje central de la homilía papal.

Una Iglesia que sigue construyéndose

En su predicación, pronunciada en español y catalán, León XIV presentó la Sagrada Familia como una imagen de la Iglesia: una obra levantada por muchas piedras que encuentra en Cristo su fundamento.

Recordó que el templo aún no concluido no representa una carencia, sino una expresión de esperanza y de búsqueda permanente de Dios. En esa línea, afirmó que los cristianos están llamados a reconocerse como “piedras vivas” dentro de una obra espiritual común.

El Pontífice insistió en que no es el hombre quien da espacio a Dios, sino que es Dios quien abre un lugar para cada persona dentro de su propio corazón, por medio de Jesucristo.

Conversión que se refleje en las obras

Uno de los momentos más fuertes de la homilía llegó cuando el Papa interpretó el Evangelio como una invitación concreta a la libertad y a la salvación.

En ese contexto pronunció una serie de exhortaciones que vincularon directamente la fe con la vida cotidiana y la responsabilidad moral:

«No podemos creer en Jesús y promover la guerra».

«No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca».

«No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».

El Pontífice presentó estas afirmaciones como consecuencias necesarias de una fe auténtica centrada en Cristo.

La cruz como signo de esperanza

Otro de los ejes de la reflexión fue el significado de la cruz que corona la torre de Jesucristo.

León XIV explicó que el camino cristiano pasa por el misterio pascual: nacimiento, pasión, muerte y resurrección. Señaló que Dios transforma aquello que parecía derrota en un signo de esperanza y recordó que solo atravesando la cruz puede alcanzarse la gloria del Resucitado.

Al referirse al conjunto arquitectónico concebido por Gaudí, destacó cómo las fachadas del templo narran visualmente el misterio cristiano y conducen al encuentro con Cristo.

Gaudí y una catequesis construida en piedra

Ya en el cierre de la homilía, el Papa definió a Gaudí como un «arquitecto ardiente de fe», señalando que su intención fue convertir la arquitectura en una peregrinación espiritual capaz de anunciar los misterios de la vida del Señor.

También agradeció a artistas, benefactores y trabajadores que continúan participando en la construcción del templo, describiéndolo como una obra que evangeliza mediante la piedra, el color y la luz.

Al concluir la celebración, el Santo Padre salió al exterior del templo y presidió la bendición solemne de la torre de Jesucristo ante miles de personas reunidas dentro y fuera de la basílica. La ceremonia finalizó con cantos marianos, una iluminación especial de la cruz de la torre y un espectáculo visual inspirado en el legado de Gaudí.



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