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La cruz de León XIV: reliquias de un mártir de la Guerra Civil Española en el pecho del Papa

– El nuevo pontífice conserva la cruz que portaba como cardenal, un relicario que guarda vestigios de San Agustín, Santa Mónica y el beato mártir Anselmo Polanco.

La cruz de Leon XIV reliquias de un martir de la Guerra Civil Espanola en el pecho del Papa

La cruz de León XIV

(CATOLIN). – En su primera aparición como Papa desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, León XIV no portaba una nueva cruz pectoral, sino la misma que lo acompañó durante su ministerio como cardenal. Lo que parecía un gesto de sencillez y continuidad espiritual, encierra un simbolismo profundo: la cruz del nuevo Pontífice alberga en su interior diminutas reliquias de santos agustinos, entre ellos un mártir español de la Guerra Civil.

El relicario fue un regalo que recibió en 2023, al ser creado cardenal, de manos del Postulador General de la Orden de San Agustín, el padre Josef Sciberras OSA. En él se encuentran reliquias de San Agustín, de su madre Santa Mónica y de varios santos de la orden agustiniana, destacando la del beato Anselmo Polanco, obispo de Teruel, asesinado por milicianos en 1939.

El Papa León XIV, antes Robert Francis Prevost, es también agustino, y su elección de conservar esta cruz habla de su profunda vinculación con la espiritualidad de su orden. Su lema episcopal, «In Illo uno unum» («En Uno [Cristo] somos uno»), tomado de San Agustín, resuena con renovada fuerza en este inicio de pontificado, recordando la unidad y el testimonio radical de los santos.

Anselmo Polanco fue obispo en tiempos convulsos. Nombrado en 1935, no abandonó a su diócesis cuando estalló la persecución religiosa en España. Fue encarcelado, torturado y finalmente ejecutado en Pont de Molins el 7 de febrero de 1939. Quemaron su cuerpo con gasolina. Su fidelidad hasta el martirio lo convirtió en símbolo de resistencia cristiana y fue beatificado por la Iglesia como mártir de la fe.

La cruz de León XIV no es un simple ornamento litúrgico. Es un mensaje silencioso pero elocuente: la Iglesia de hoy necesita recordar a quienes dieron la vida por Cristo. Y necesita, sobre todo, nuevos testigos capaces de hacerlo.

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