El joven rico ya no puede elegir cuando le hemos fabricado un Jesús que no exige
– La Barca en la Red

Imagen referencial.
(CATOLIN).– Antes, un joven rico rechazó seguir a Jesús… hoy, muchas veces, ni siquiera tiene la posibilidad de elegir.
Desde hace muchos años he visto, muy seguramente sin mala intención, la sustitución y el desplazamiento de la evangelización por el entretenimiento en algunos sectores de la Iglesia, especialmente hacia los jóvenes.
Se está corriendo el riesgo de convertir a Jesús en un producto, en una excusa, en un club social… en una “dopamina” buena onda para un momento de mi vida.
Y escuchando la parábola del joven rico que nos presenta la Iglesia el día de hoy, 17 de agosto, me animé a arrastrar el lápiz con la intención de dar una reflexión para su análisis y discernimiento.
El Evangelio comienza con una pregunta muy fuerte: «Maestro, ¿qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la vida eterna?»
Llegar a esta pregunta trascendental seguramente no fue producto de un momento de emotividad. Muy seguramente fue la respuesta a aquello que san Agustín decía: «Señor, nos has hecho para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti».
Hoy, sin conocer cada realidad de cada grupo, movimiento o pastoral, habría que preguntarnos:
• ¿Estamos buscando la vida eterna?
• ¿Estamos presentando el Reino de Dios?
• ¿Estamos ayudando a que los corazones de cada persona, dentro de nuestras realidades evangelizadoras, encuentren esa quietud de la que habla san Agustín?
Pero, en cualquier caso, la pregunta del joven rico sigue siendo no del todo… correcta.
Porque, al final, se sigue centrando, seguramente con buena intención, en el YO:
¿Qué tengo que hacer YO?
¿Qué Reino quiero conseguir YO?
¿Qué más me falta para que YO sea admitido?
Tenemos un problema cuando queremos reducir o solo ver la evangelización al fin del YO, cuando tendríamos que decir: Señor, ¿qué quieres Tú? Y eso implica no hacer una Iglesia a mi idea.
El hombre no puede encontrar su felicidad última simplemente en las riquezas, en el reconocimiento, en los cargos, en las experiencias… Y quizá ahí está uno de nuestros problemas: podemos terminar haciendo muchas cosas “para Dios” sin estar realmente buscando a Dios.
Podemos tener el evento, el cargo, la actividad, la experiencia, la música, la predicación, la foto, la publicación, el reconocimiento… y aun así seguir buscando el YO:
Por eso Jesús responde:
«¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios.»
¡Baaam!
Cuántos jóvenes, adultos y evangelizadores hemos caído en esto.
Buscamos lo que podemos sacarle a Dios para sentirnos bien, y no buscamos a Dios por Dios mismo.
Y el cristianismo precisamente implica que el YO deje de ocupar el centro para que Cristo pueda ocuparlo.
Esto lo veo porque, pasando los años, los cargos y muchas personas que alguna vez evangelizaron fuertemente desde un foco de atención, seguido comparten en sus redes sociales esos “momentos dorados”, “esos buenos tiempos”, “esos ayeres”.
• ¿Entonces lo que hoy vivimos ya no es bueno?
• ¿La cotidianidad que nos regala Dios no es buena?
• ¿El anonimato que Dios nos permite no es bueno?
• ¿Nuestros grupos con menos personas ya no son buenos?
• ¿Dejar la juventud ya no es bueno?
Entonces, ¿antes buscábamos a Dios y ahora ya no?
• ¿O qué esperamos?
De verdad que no lo entiendo.
• ¿Seguir siendo solo joven rico y ya?
• ¿Tabor tras Tabor?
Porque también podemos enamorarnos de los momentos de Tabor y olvidar que después de Tabor hay que bajar de la montaña.
Podemos querer la experiencia, la emoción, el reconocimiento y el momento glorioso, pero no necesariamente querer el camino doloroso del seguimiento.
Así veo, tristemente, a muchas generaciones de jóvenes, sin generalizar, que buscan seguir, quizá sin saberlo, siendo solo… NeoJóvenes ricos.
El Evangelio continúa con la exhortación al joven rico de cumplir los mandamientos. Y esto nos hace preguntarnos si realmente en nuestros grupos, movimientos y pastorales enseñamos la doctrina católica, lo que la Iglesia siempre ha enseñado.
Muchas veces se opta por flexibilidades pastorales, por emotivismos, sentimentalismos y por eventos masivos, que no necesariamente son malos… que no se malentienda. Pero que estos pasen a ser la base y la cotidianidad de los grupos es lo preocupante.
Evento tras evento… Emoción tras emoción…
Se fomenta poco la lectura del Evangelio; la asistencia a Misa, no solo los domingos; la búsqueda de la confesión; los sacramentos; la historia de la Iglesia; la vida de los santos…
Parece que muchas cosas, por ignorarlas, ya no son necesarias y se opta por el evento de moda, la canción de moda, el santo de moda… sin profundizar.
Si Dios es el bien supremo y el fin último del hombre, entonces ninguna experiencia, ningún grupo, ningún evento, ningún cargo y ningún reconocimiento puede convertirse en nuestro fin último. Porque si no nos lleva a Dios, ¿a dónde nos está llevando?
No podemos querer la unión con Dios mientras seguimos aferrados a todo aquello que no queremos soltar.
• Queremos a Dios, pero también queremos conservar intacto nuestro YO.
• Queremos el cielo, pero sin renunciar.
• Queremos a Jesús, pero sin cruz.
• Queremos la santidad, pero sin sacrificio.
• Queremos seguirlo, pero bajo nuestras condiciones.
Finalmente, el Evangelio termina relatando cómo Jesús le pide al joven rico vender todo y seguirlo.
Y es ahí donde seguramente se pierde un gran evangelizador, quizá un apóstol, quizá un santo, quizá un personaje que hasta el día de hoy hubiéramos recordado en la Iglesia, en el calendario y en la devoción.
Pero se perdió…No tuvo nombre…Solo es el joven rico…El que pudo ser y no fue…El que quería el Reino, pero no quería seguir a Jesús.
¿Cuántos jóvenes ricos hay hoy en día con talentos para la evangelización, con vitalidad, fuerza y tiempo; cuántos jóvenes con un genuino acercamiento a la adoración eucarística, al servicio en la Iglesia, con el deseo de conseguir el cielo
Es necesario dejar el YO, las ideologías que nos atrapan…popularizadas, normalizadas y fomentadas en todos lados. Necesitamos dejar el pecado.
¿Cuántos jóvenes ricos quieren seguir en el mundo, pero evangelizar? O sea: Jesús sí, pero en horarios, lugares y momentos concretos.
No podemos querer que Jesús sea solamente una parte de nuestra vida.
No podemos reservarle ciertos espacios, ciertos horarios y ciertos momentos, mientras el resto de nuestra vida queda fuera de su señorío.
Pero hay algo que me preocupa más, y es como inicié mi post: quizá tenemos un reto más grande.
Y es que quizá nosotros mismos estamos quitando a los jóvenes la oportunidad de preguntarle a Jesús. ¿Cómo? Sencillo.
Al descuidar la formación cristiana y la moral, se está provocando que los jóvenes ni siquiera le preguntén a Jesús: “¿Qué más debo hacer?”
Porque quizá nosotros mismos, sin generalizar, les estamos enseñando que así, sin renuncia, sin sacrificios, con dobles vidas, con pecados normalizados y con una fe light, es lo que Jesús quiere para entrar al Reino.
Quizá les hemos hecho creer que la cruz es opcional; que Jesús, buena onda, te entiende y que, si quieres puedes no cargarla, o bien mañana o el próximo año… vaya cuando tu tengas tiempo y ganas.
O que, si la cruz es grande y pesada, pues que la cortes y lleves lo que puedas.
Es más: Ni llegues al Calvario… Solo avanza 100, 50, 10 metros.
Porque si presentamos un Jesús que solamente me hace sentir bien, que nunca me cuestiona, que nunca me pide renuncia, que nunca me habla del pecado, que nunca me habla de conversión, que nunca me habla de cruz… entonces ya no estamos presentando al Jesús del Evangelio.
Estamos presentando otro Jesús…Un Jesús fabricado a nuestra medida… Un Jesús que se adapta al YO… Un Jesús que no me pide demasiado… Un Jesús que me acompaña, pero que no necesariamente me transforma.
Hoy, el joven rico muchas veces ya no le pregunta a Jesús: “¿Qué más debo hacer?”
Porque quizá nunca le hemos permitido conocer al Jesús que puede responderle… Porque le hemos fabricado una falsa idea de Jesús.
Y ahí está el verdadero reto de nuestra evangelización:
• No fabricar jóvenes que simplemente tengan experiencias religiosas.
• No fabricar jóvenes que llenen eventos.
• No fabricar jóvenes que sepan cantar, predicar, organizar o publicar.
Sino ayudar a formar jóvenes capaces de encontrarse con Cristo, conocerlo, amarlo y, cuando llegue el momento, preguntarle de verdad: “Señor, ¿qué quieres de mí?”
Porque quizá el joven rico de hoy ya no necesita solamente que le digamos que deje todo. Quizá primero necesita que le presentemos, de verdad, a Jesús.
Porque antes, el joven rico pudo escuchar a Jesús, pudo preguntarle, pudo recibir una respuesta y finalmente pudo decir que no.
Hoy quizá estamos ante algo todavía más preocupante:
el NeoJoven Rico quizá ni siquiera tiene la posibilidad de elegir, porque le hemos presentado un Jesús que no es el Jesús del Evangelio.
Y si le hemos quitado la posibilidad de encontrarse con Cristo, también le hemos quitado la posibilidad de responderle.
Quizá por eso nuestra tarea no es hacer más atractivo el Evangelio hasta hacerlo irreconocible.
Nuestra tarea es volver a presentar a Jesús.
• Al Jesús que llama.
• Al Jesús que ama.
• Al Jesús que perdona.
• Al Jesús que transforma.
• Al Jesús que exige.
• Al Jesús que invita.
• Al Jesús que dice:
«Ven y sígueme».
Y entonces sí, que cada persona pueda decidir. Que cada uno pueda responder. Que cada uno pueda decirle que sí o que no. Pero que tenga realmente la posibilidad de elegir.
Porque quizá el verdadero drama del joven rico de hoy no es que se vaya triste.
Es que quizá nunca llegamos a presentarle al verdadero Jesús.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




