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Cardenal Müller: la Fraternidad San Pío X debe actuar “dentro y junto al Papa” para servir a la Iglesia

– El purpurado responde al Consejo General de la FSSPX y subraya que la plena comunión implica aceptar la doctrina conciliar y la autoridad del Romano Pontífice

Cardenal Muller la Fraternidad San Pio X debe actuar dentro y junto al Papa para servir a la Iglesia

imagen referencial.

(CATOLIN).- El cardenal Gerhard Müller afirmó que si la Fraternidad Sacerdotal San Pío X quiere tener un efecto positivo en la historia de la Iglesia, no puede luchar “desde fuera” por la verdadera fe contra la Iglesia unida al Papa, sino únicamente “dentro de la Iglesia y junto al Papa y todos los obispos, teólogos y fieles ortodoxos”.

La declaración surge después de que el Consejo General de la Fraternidad publicara el 18 de febrero de 2026, durante su reunión en Menzingen, una respuesta al cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En ese documento, la Fraternidad atribuyó el fin del diálogo con la Santa Sede —que consideraba esperanzador hasta el 6 de junio de 2017— a una decisión unilateral del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el propio Müller, quien habría establecido como requisito mínimo para la plena comunión la aceptación explícita de todo el Concilio y el período posconciliar.

La unidad, bien supremo de la Iglesia

Müller sostuvo que, tratándose del gran bien de la unidad de la Iglesia católica, las sensibilidades personales deben quedar en segundo plano. Recordó que, a lo largo de la historia, además de las herejías, también han surgido cismas entre católicos ortodoxos por insuficiencias humanas, pretensiones teológicas o falta de sensibilidad de la autoridad legítima.

Citó los casos de los donatistas, el cisma de Utrecht tras la consagración episcopal ilegítima de Cornelius Steenoven en 1724 y el movimiento viejo-católico después del Concilio Vaticano I, que derivó en la negación del dogma de la infalibilidad pontificia.

Criterios de ortodoxia y comunión plena

El cardenal recordó que existen criterios claros para la ortodoxia católica y la plena pertenencia a la Iglesia, formulados desde san Ignacio de Antioquía y precisados en el Concilio de Trento frente al protestantismo. Estos incluyen la plena comunión con la Iglesia universal y, en particular, con el colegio episcopal que tiene en el Papa romano —sucesor de san Pedro— el principio y fundamento visible de unidad.

Señaló que, aunque la Fraternidad coincide en el contenido esencial de la fe católica, mantiene una interpretación errónea del Concilio Vaticano II al considerarlo una desviación de la tradición. Subrayó que dicho concilio no proclamó nuevos dogmas, sino que presentó la doctrina perenne en un contexto histórico-cultural distinto, especialmente en constituciones como Dei Verbum y Lumen Gentium.

Liturgia, tradición y críticas legítimas

Müller afirmó que es teológicamente falso considerar ilegítima la liturgia latina según el rito antiquior, recordando el principio lex orandi, lex credendi. También indicó que todo católico puede criticar el motu proprio Traditionis custodes y su aplicación, señalando deficiencias teológicas o pastorales.

No obstante, calificó como errónea e indigna de un católico serio la sospecha de que la Misa según el Misal de Pablo VI contradiga la tradición o esté influida por ideas masónicas. Atribuyó los abusos litúrgicos —como celebraciones irreverentes o modificaciones arbitrarias— no al rito en sí ni al concilio, sino a quienes actúan con ignorancia o frivolidad.

Críticas, conciencia y obediencia

El purpurado reconoció que no todo documento romano debe aceptarse sin crítica y recordó que diversos santos y teólogos expresaron reparos ante decisiones de autoridad en la historia de la Iglesia. Sin embargo, subrayó que ningún católico puede invocar motivos de conciencia para sustraerse a la autoridad formal del Papa en lo que respecta a la unidad visible de la Iglesia.

Afirmó que una “Iglesia nacional alemana” que reconociera solo simbólicamente al Papa dejaría de ser católica, y advirtió que ningún grupo puede oponerse a la totalidad de la Iglesia invocando su propia conciencia subjetiva.

También sostuvo que, aunque se puedan reconocer errores históricos —como el comercio indigno de indulgencias denunciado por Martín Lutero—, la desobediencia y el rechazo de la autoridad eclesiástica no son el camino para la reforma auténtica.

Llamado final a la plena comunión

El cardenal Müller concluyó que una solución justa para el estatus canónico de la Fraternidad podría encontrarse —por ejemplo, mediante una jurisdicción ordinaria dependiente directamente del Papa—, pero solo si existe plena concordancia con la eclesiología católica.

Recordó la enseñanza del Concilio Vaticano I en la constitución Pastor aeternus, que afirma el poder jurisdiccional inmediato del Papa sobre toda la Iglesia y la obligación de subordinación jerárquica y verdadera obediencia en materia de fe, moral, disciplina y gobierno.

“Si la Fraternidad San Pío X quiere tener un efecto positivo en la historia de la Iglesia —insistió—, no puede luchar desde fuera por la verdadera fe contra la Iglesia unida al Papa, sino solo dentro de la Iglesia y junto al Papa”.

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