“Ver el rostro de Cristo en los enfermos: la experiencia que marcó esta misión”
– Marisol Flores comparte su experiencia en misiones durante Semana Santa, donde descubrió que el verdadero protagonista es Dios, especialmente en el encuentro con los enfermos.

Misión de Semana Santa 2026
(CATOLIN).– En el marco de las celebraciones de Semana Santa, Marisol Flores, integrante de la Escuela de Evangelización Mazetés. Escuela de Evangelización, vivió por cuarta ocasión una experiencia misionera que marcó profundamente su vida espiritual. A través del servicio en comunidades, la catequesis y, especialmente, la visita a enfermos, descubrió el valor del desprendimiento personal y la acción de Dios en medio de las realidades humanas más vulnerables. En esta entrevista, comparte las motivaciones, vivencias y aprendizajes que marcaron su misión.
¿Qué te motivó a irte de misiones esta Semana Santa?
Esta fue mi cuarta experiencia misionera. Desde la primera vez, sentí el llamado de Dios a servirle y a encontrarme con Él a través de las personas. Durante esta Cuaresma, a través de la oración y la reflexión, comprendí que amar a los demás implica desprenderse de uno mismo, incluso de ocupaciones y proyectos personales.
Surgió en mí un deseo profundo de acompañar especialmente a quienes atraviesan momentos difíciles, como los enfermos o quienes viven en soledad. En las comunidades encontramos mucho dolor, pero también la oportunidad de llevar esperanza, ver el rostro de Cristo en los demás y compartir el amor de Dios. Esta misión significó para mí renunciar a otras actividades para dedicar tiempo a quienes más lo necesitan.
¿Cómo fue tu preparación para las misiones?
La preparación fue principalmente espiritual. Participamos en un retiro de Cuaresma en un monasterio benedictino, donde se nos invitó a vivir el silencio y la meditación de la Palabra de Dios.
Además, fortalecí mi vida espiritual con la Eucaristía frecuente, la oración de Laudes, el rezo del Rosario y la adoración al Santísimo. También retomé la lectura de obras espirituales que me ayudaron en este proceso, como Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen de San Luis María Grignion de Montfort y Las confesiones de San Agustín, que fueron un gran apoyo para la reflexión personal y el reconocimiento de la propia historia a la luz de Dios.
Todo esto me permitió disponer mejor el corazón para la misión y enfrentar las dificultades con mayor fortaleza espiritual.
¿Qué actividades realizaste durante las misiones?
Tuve la responsabilidad de coordinar a mi equipo, organizando la logística en dos comunidades. Realizamos catequesis para niños, jóvenes y adultos, incluyendo retiros centrados en el kerigma y el Triduo Pascual.
También llevamos a cabo rosarios de aurora, celebraciones de la Palabra y visitas casa por casa para compartir el Evangelio. Una parte muy importante fue la visita a los enfermos, a quienes acompañamos con oración y la Palabra de Dios, especialmente cuando no podían participar en la Eucaristía.
¿Qué aprendiste o qué te llevas de esta experiencia?
Lo más significativo fue la visita a los enfermos. Ahí descubrí cómo Dios actúa en la fragilidad humana. Cuando las personas abren su corazón, uno puede experimentar la presencia real de Dios.
También comprendí que nosotros no somos quienes transformamos la vida de los demás. Somos enviados, pero es el Señor quien siembra. Nosotros solo somos instrumentos que comparten lo que han recibido. Muchas personas agradecían no tanto la visita, sino el haber recibido la Palabra de Dios, lo que confirma que es Él quien toca y transforma los corazones.
¿Cómo impactará esta experiencia tu vida a partir de ahora? ¿Vale la pena dedicar una semana a la misión?
Esta experiencia me ayudó a entender que la misión no termina con la Semana Santa, sino que es un camino continuo. Dios nos permite verlo en los demás y nos llama a vivir con mayor generosidad.
Vale completamente la pena dedicar este tiempo. Es una oportunidad para renovar la fe, reavivar el amor a Dios y aprender a desprenderse de las comodidades. No se trata de hacerlo por obligación, sino por amor.
La misión transforma el corazón del misionero y lo impulsa a seguir sirviendo con humildad, reconociendo que, aunque nuestras capacidades son limitadas, Dios actúa a través de nosotros.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




