La Iglesia de San Jerónimo mantiene viva la tradición de las pilas de agua bendita
– Un detalle sencillo observado durante una misa dominical en Coatepec recuerda la importancia de conservar el uso de este sacramental en las iglesias.

Pila de agua bendita en la Parroquia de San Jeronimo en Coatepec
(CATOLIN). – Durante una visita reciente al hermoso pueblo de Coatepec, Veracruz, tuvimos la oportunidad de asistir a la misa dominical de las 7:30 de la noche en la Iglesia de San Jerónimo, celebrada por el Pbro. Artemio Domínguez Ruiz.
Al finalizar la celebración, llamó especialmente la atención una escena sencilla, pero significativa: numerosas personas, antes de abandonar el templo, se acercaban a las pilas de agua bendita, introducían los dedos en ella y se santiguaban antes de continuar su camino.
La escena produjo una particular alegría al comprobar que esta antigua práctica de piedad continúa formando parte de la vida cotidiana de los fieles. Aunque pueda parecer un detalle menor, el uso del agua bendita constituye una expresión sencilla de la fe y de la devoción popular.
No debería ser noticia que una iglesia tenga sus pilas de agua bendita en uso. Sin embargo, en algunas iglesias esta práctica ha caído en desuso desde la pandemia, aun cuando han pasado ya varios años desde aquellas circunstancias. En algunos casos puede tratarse simplemente de descuido o de falta de atención a esta tradición.
Por ello, también corresponde a los propios fieles, con caridad y siempre en comunión con sus párrocos, animar a que las pilas de agua bendita vuelvan a utilizarse cuando las circunstancias de cada comunidad lo permitan. Habitualmente situadas a la entrada de los templos, recuerdan al cristiano, al entrar y salir de la iglesia, su pertenencia a Cristo y el significado del Bautismo.
El agua bendita es, además, un sacramental de la Iglesia. El Bendicional señala que el agua bendita es uno de los signos utilizados con frecuencia para bendecir a los fieles y recuerda su relación con Cristo y con el Bautismo.
La tradición de las pilas de agua bendita ha acompañado durante siglos la vida cristiana y ha formado parte de la experiencia cotidiana de las parroquias, conventos y hogares. Incluso el rito litúrgico contempla la bendición del agua durante la Misa, especialmente los domingos.
Esto no significa que todas las iglesias deban actuar exactamente de la misma manera. Cada párroco y cada comunidad conocen sus propias circunstancias y pueden determinar cuándo resulta prudente mantener las pilas disponibles. También es importante cuidar que el agua bendita sea utilizada con respeto y evitar cualquier uso inapropiado.
Una posibilidad, allí donde se considere conveniente, podría ser que al menos en las celebraciones dominicales las pilas se llenaran con agua bendita y que, al finalizar la celebración, el sacristán o las personas encargadas de su cuidado pudieran retirarla o renovarla según corresponda.
La cuestión no es convertir una costumbre en una obligación ni ignorar las circunstancias particulares de cada parroquia. Se trata, más sencillamente, de no dejar desaparecer innecesariamente signos tradicionales de la vida cristiana.
La escena observada en San Jerónimo de Coatepec recuerda que, para muchos fieles, estos pequeños gestos siguen teniendo un significado profundo. Recuperarlos, cuando sea posible y siempre en diálogo con los párrocos, puede ser también una manera de conservar expresiones sencillas de la fe que forman parte de la tradición de la Iglesia.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




