Compartir

Hoy, 29 de enero, recordamos la beatificación de Rafael Guízar y Valencia

– El obispo de Veracruz fue elevado a los altares el 29 de enero de 1995 en el Vaticano.

Hoy 29 de enero recordamos la beatificacion de Rafael Guizar y Valencia

Obispo Sergio Obeso, Papa San Juan Pablo II, Pbro. Rafael Gonzales.

(CATOLIN).- El 29 de enero de 1995, el papa Juan Pablo II beatificó a monseñor Rafael Guízar y Valencia en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, reconociendo oficialmente su vida de fe, su entrega pastoral y su firme testimonio durante los años de persecución religiosa en México.

Rafael Guízar Valencia nació el 26 de abril de 1878 en Cotija, Michoacán, dentro de la diócesis de Zamora. Fue el onceavo hijo del matrimonio formado por Prudencio Guízar y Natividad Valencia, quienes le transmitieron una profunda formación cristiana. Huérfano de madre desde los nueve años, realizó sus primeros estudios en la escuela parroquial y posteriormente en un colegio dirigido por padres jesuitas, donde maduró su vocación sacerdotal.

Ingresó al seminario menor de Cotija en 1891 y en 1896 pasó al seminario mayor de Zamora. Fue ordenado sacerdote el 1 de junio de 1901, a los 23 años. En sus primeros años de ministerio se dedicó intensamente a predicar misiones en Zamora y en diversas regiones de México. En 1905 fue nombrado misionero apostólico y director espiritual del seminario de Zamora, destacando por su empeño en fomentar el amor a la Eucaristía y la devoción a la Virgen María.

Durante la persecución religiosa, en 1911 fundó un periódico religioso en la Ciudad de México para contrarrestar la campaña anticlerical, mismo que fue clausurado por los revolucionarios. Perseguido de muerte, vivió durante años sin domicilio fijo y en condiciones precarias. Para continuar con su ministerio se disfrazaba de vendedor ambulante, músico o médico homeópata, lo que le permitía asistir a enfermos, administrar los sacramentos y acompañar a los moribundos.

Ante el riesgo de ser capturado, a finales de 1915 salió de México hacia el sur de Estados Unidos y posteriormente a Guatemala, donde predicó numerosas misiones. Su labor misionera se extendió a Cuba, donde fue invitado a predicar misiones populares y destacó por su caridad durante la peste que azotó la isla en 1919.

El 1 de agosto de 1919 fue preconizado obispo de Veracruz por el papa Benedicto XV. Fue consagrado el 30 de noviembre de ese mismo año en la catedral de La Habana y tomó posesión de su diócesis el 9 del año siguiente. Durante los primeros años de su episcopado recorrió personalmente el territorio veracruzano, convirtiendo sus visitas en auténticas misiones y brindando asistencia a las víctimas de un devastador terremoto. Predicaba, enseñaba la doctrina, legitimaba uniones, pasaba largas horas en el confesionario y auxiliaba a los damnificados.

Una de sus mayores preocupaciones fue la formación del clero. En 1921 logró recuperar y renovar el antiguo seminario de Jalapa, confiscado años antes, aunque el gobierno volvió a incautarlo. Ante ello, trasladó el seminario a la Ciudad de México, donde funcionó de manera clandestina durante 15 años. Fue el único seminario abierto durante la persecución religiosa, llegando a albergar hasta 300 seminaristas.

De los 18 años que gobernó la diócesis, nueve los pasó en el exilio o en la clandestinidad, al ser buscado para matarlo. A pesar de ello, dio muestras de gran valentía, llegando incluso a presentarse ante uno de sus perseguidores para ofrecerse como víctima personal a cambio de la libertad de culto.

Rafael Guízar y Valencia vivió los años de la Revolución Mexicana, la primera Cristiada (1926–1929), impulsada por el gobierno federal durante la presidencia de Plutarco Elías Calles, así como una segunda Cristiada local en Veracruz entre 1930 y 1932, promovida por el gobernador Adalberto Tejeda Olivares. Su labor misionera y su cercanía con los más necesitados lo consolidaron como un pastor ejemplar, reconocido por su humildad, caridad y profunda devoción.

En diciembre de 1937, mientras predicaba una misión en Córdoba, sufrió un ataque cardíaco que lo dejó postrado en cama. Desde ahí continuó dirigiendo la diócesis y su seminario, celebrando diariamente la santa misa. Falleció el 6 de junio de 1938 en la Ciudad de México. Al día siguiente, sus restos fueron trasladados a Jalapa, en medio de un multitudinario cortejo fúnebre.

Durante el rezo del Ángelus del 29 de enero de 1995, Juan Pablo II destacó que el beato Rafael Guízar y Valencia afrontó con valentía la persecución contra la Iglesia, sostenido por su íntima unión con la Eucaristía y con María Santísima, razón por la cual colocó a la Virgen de Guadalupe adorando al Santísimo Sacramento en su escudo episcopal. Esa misma jornada coincidió con la conmemoración de los 50 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, evento que el Papa recordó como testigo de la Segunda Guerra Mundial.

Once años después, en octubre de 2006, fue canonizado por el papa Benedicto XVI. La Santa Sede había promulgado previamente, el 5 de mayo de 2006, el decreto que reconoció un milagro atribuido a su intercesión, ocurrido en Xalapa, Veracruz, relacionado con la curación de un niño diagnosticado en el vientre materno con labio leporino y paladar hendido.

Rafael Guízar y Valencia es el primer obispo de Latinoamérica canonizado. Sus restos reposan en la catedral de Jalapa, donde su sepulcro se ha convertido en un sitio de peregrinación para miles de fieles que acuden a pedir su intercesión.

Tanto la beatificación como la posterior canonización de san Rafael Guízar y Valencia se realizaron durante el arzobispado del cardenal Sergio Obeso Rivera (1931–2019), quien fue testigo de estos momentos clave para la Iglesia en Veracruz, marcados por el reconocimiento universal a la vida, el testimonio y la santidad del obispo que pastoreó la diócesis en tiempos de persecución.

Etiqueta

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *