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El Cántico del Hermano Sol cumple 800 años

– Nacido en medio del dolor y la enfermedad, el himno de san Francisco de Asís sigue tocando corazones y llamando a una conversión espiritual.

El Cantico del Hermano Sol cumple 800 anos

San Francisco de Asís

(CATOLIN). – Hace 800 años, en la primavera de 1225, san Francisco de Asís escribió uno de los himnos más conmovedores de la espiritualidad cristiana: el Cántico de las criaturas o Cántico del Hermano Sol. Lejos de nacer en un momento de bienestar, esta oración poética brotó del corazón del santo mientras yacía gravemente enfermo en el pequeño monasterio de San Damián, casi ciego, y con la certeza de que su vida terrenal llegaba a su fin.

Pese al sufrimiento físico, Francisco elevó un canto de alabanza al Creador por medio de sus criaturas: el sol, la luna, el agua, el fuego, el viento, la tierra, e incluso la muerte corporal. Este cántico revela una visión profundamente unificada del universo, donde todo —personas, animales, elementos naturales— está interconectado por el mismo origen divino.

“El Cántico del Hermano Sol es mucho más que una canción simpática”, señala el hermano Christophorus Godereis, delegado de los capuchinos en Bélgica y los Países Bajos, en entrevista con katholisch.de. “Es una oración profundamente teológica. Francisco no puso al ser humano en el centro, sino a Dios, y comprendió que todo lo creado está vinculado entre sí como hermanos”.

Godereis explica que san Francisco se inspiró en textos bíblicos como los salmos 19, 104 y 148, y en el cántico de los tres jóvenes del libro de Daniel. Pero su genialidad fue dotarlos de una nueva fuerza mística y espiritual, capaz de inspirar arte, teología y conversión a lo largo de los siglos. “Me impresiona que el cántico tenga 33 versos, como los años de Cristo, y que inicie con una invocación trinitaria al ‘Altísimo, omnipotente, buen Señor’”.

La actualidad del mensaje franciscano resuena con fuerza en un mundo sacudido por la crisis ecológica. Godereis destaca que vivimos en la era del Antropoceno, donde el ser humano ha alterado irreversiblemente el equilibrio natural. “El cántico me invita a abandonar la arrogancia de creerme dueño del mundo, y a redescubrirme como parte de la creación”.

El impacto del cántico ha sido tan grande que ha influido en teólogos como san Buenaventura, en compositores como Winfried Pilz, y recientemente, ha sido incluido en emisiones postales conmemorativas. La encíclica Laudato si’ del Papa Francisco toma su nombre precisamente de este himno, y su espíritu permea la enseñanza de la Iglesia sobre el cuidado de la casa común.

Para conmemorar el 800º aniversario, distintas comunidades franciscanas celebrarán encuentros, peregrinaciones y actos litúrgicos en todo el mundo. El mensaje es claro: el cántico no es una pieza de museo, sino una llamada viva y urgente a ver en cada criatura una hermana, un hermano, y en Dios, al Padre que nos une.

“Load y bendecid a mi Señor, y dadle gracias y servidle con gran humildad”, concluye el himno.

Texto completo del Cántico del Hermano Sol

Altísimo, omnipotente, buen Señor,

tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, corresponden,

y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,

especialmente el señor hermano sol,

el cual es día, y por el cual nos alumbras.

Y él es bello y radiante con gran esplendor,

de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,

en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,

y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,

por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,

la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,

por el cual alumbras la noche,

y él es bello y alegre y robusto y fuerte.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,

la cual nos sustenta y gobierna,

y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,

y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,

porque por ti, Altísimo, coronados serán.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,

de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:

bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,

porque la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor,

y dadle gracias y servidle con gran humildad.

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