«Cristo no fundó un grupo de discusión»: obispo cuestiona el rumbo de la sinodalidad
– Rob Mutsaerts plantea al papa León XIV si la sinodalidad ha producido frutos concretos en la fe, las vocaciones y la vida sacramental, y advierte sobre el riesgo de convertir el diálogo interno en un fin permanente.

Obispo auxiliar de ’s-Hertogenbosch, Rob Mutsaert
(CATOLIN). – El obispo auxiliar de ’s-Hertogenbosch, Rob Mutsaerts, ha dirigido una carta abierta al papa León XIV en la que expresa serias reservas sobre los resultados y las prioridades del actual proceso sinodal de la Iglesia. En su análisis, el prelado neerlandés sostiene que cualquier reforma eclesial debe evaluarse a partir de una cuestión fundamental: si realmente está ayudando a las personas a encontrarse con Cristo y alcanzar la salvación.
La carta, publicada el 13 de agosto en el sitio personal del obispo, plantea una serie de interrogantes sobre los frutos concretos de la iniciativa sinodal. Mutsaerts pregunta si durante estos años ha aumentado la práctica de la fe, si Cristo está siendo anunciado con mayor claridad, si existen más vocaciones sacerdotales y religiosas, si ha crecido la participación en la Eucaristía y si la enseñanza de la Iglesia se ha vuelto más clara para los fieles.
Para el obispo, estas cuestiones resultan especialmente relevantes ante la situación que atraviesa buena parte de la Iglesia en Occidente: descenso de la asistencia a las celebraciones, disminución de las vocaciones, cierre o fusión de parroquias y una pérdida progresiva del conocimiento de la fe.
Uno de los principales cuestionamientos de Mutsaerts se dirige al riesgo de que la sinodalidad deje de ser un instrumento para convertirse en un objetivo permanente. A su juicio, la Iglesia puede terminar dedicando una cantidad creciente de tiempo y recursos a discutir cómo debe dialogar, participar y organizarse, sin responder suficientemente a la necesidad de anunciar el Evangelio.
El prelado también aborda el concepto de “escucha”, uno de los ejes centrales del proceso sinodal. Reconoce que obispos y sacerdotes deben escuchar a los fieles, pero sostiene que esa escucha debe mantener un orden: antes que las tendencias sociales o las expectativas del momento, la Iglesia debe atender a Cristo, las Escrituras, la Tradición apostólica, el Magisterio y el testimonio de los santos.
En este contexto, Mutsaerts cuestiona la idea de que el consenso pueda determinar por sí mismo la verdad de la fe. Recuerda que las enseñanzas fundamentales de la Iglesia no dependen de la cantidad de personas que las acepten o rechacen. Para el obispo, la misión de la Iglesia no consiste simplemente en adaptar el Evangelio a las expectativas contemporáneas, sino también en llamar a la conversión cuando esas expectativas entran en conflicto con la fe cristiana.
Otro de los puntos señalados en la carta es la generación de expectativas respecto a cuestiones doctrinales y disciplinarias que han sido objeto de intenso debate durante el proceso sinodal. Mutsaerts advierte que prolongar indefinidamente determinadas discusiones puede llevar a los fieles a pensar que cualquier enseñanza de la Iglesia está abierta a una modificación futura, provocando posteriormente frustración cuando esas expectativas no pueden cumplirse.
Frente a esta situación, el obispo propone recuperar una dimensión que considera esencial para cualquier renovación eclesial: la santidad. En lugar de centrar la reforma principalmente en nuevas estructuras, comisiones o mecanismos de participación, sostiene que las grandes transformaciones de la historia de la Iglesia surgieron de hombres y mujeres cuya vida estuvo marcada por una profunda entrega a Cristo.
En una de las afirmaciones más contundentes de su carta, Mutsaerts sostiene que una parroquia guiada por un sacerdote santo puede tener mayores perspectivas de futuro que una diócesis con numerosos grupos dedicados a discutir la sinodalidad.
Para explicar su visión, el obispo recurre finalmente al episodio evangélico de los discípulos de Emaús. Destaca que Cristo escucha a los discípulos, pero no se limita a validar su interpretación de los acontecimientos: les explica las Escrituras, corrige su comprensión y finalmente se revela en la fracción del pan. Después de reconocerlo, los discípulos regresan a Jerusalén para anunciar lo que han vivido.
Según Mutsaerts, esta última acción contiene una enseñanza decisiva para la Iglesia actual: el encuentro con Cristo debe conducir a la misión. Por ello, plantea la necesidad de que la Iglesia no permanezca indefinidamente concentrada en sus propios debates, sino que vuelva a dirigir sus esfuerzos hacia la evangelización y la proclamación del Evangelio.
La carta concluye con un llamado al papa León XIV para que ofrezca claridad y vuelva a señalar a Cristo como el centro de la vida de la Iglesia. Mutsaerts considera que, en un contexto marcado por la incertidumbre cultural y religiosa, la misión de Pedro debe ayudar a los católicos a recuperar la certeza de la fe y recordar que, en última instancia, las palabras de Cristo son “palabras de vida eterna”.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




