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León XIV pide a Roche respetar los ritos litúrgicos aprobados por Pablo VI y Juan Pablo II

– El Papa señala que sacerdotes y fieles deben recibir una formación litúrgica basada en los textos aprobados y llama a evitar modificaciones realizadas por iniciativa propia.

Leon XIV pide a Roche respetar los ritos liturgicos aprobados por Pablo VI y Juan Pablo II

Papa León XIV y el Cardenal Roche

(CATOLIN). – El papa León XIV ha pedido que la formación litúrgica de sacerdotes y fieles esté acompañada por una estricta fidelidad a los textos e instrucciones aprobados por la Iglesia, con especial referencia a los ritos promulgados por san Pablo VI y san Juan Pablo II.

El Pontífice lo expresó en una carta enviada al cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con motivo del encuentro internacional sobre formación litúrgica que se celebra del 14 al 19 de agosto en la abadía benedictina de Mount Angel, en Oregón, Estados Unidos. La misiva está fechada el 29 de junio y fue publicada por la Santa Sede este 14 de agosto.

León XIV recuerda que la celebración digna de los sacramentos exige «fidelidad a los textos y las instrucciones aprobados». En particular, señala que quienes preparan las celebraciones, y especialmente los sacerdotes, deben mostrar respeto hacia «los ritos promulgados por el papa san Pablo VI y el papa san Juan Pablo II».

Según el Papa, esta fidelidad no debe entenderse únicamente como el cumplimiento externo de unas normas, sino que debe proceder de «una actitud interior de apertura y confianza en Dios», acompañada de humildad y de fidelidad a la comunión eclesial.

Continuidad con su catequesis sobre la liturgia

La carta retoma las enseñanzas expuestas por León XIV durante su catequesis del 27 de mayo sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium. En aquella ocasión, el Pontífice había advertido sobre la necesidad de evitar que alguien añada, quite o modifique elementos de la liturgia por iniciativa propia.

Ahora, el Papa incorpora aquella enseñanza al ámbito de la formación litúrgica y subraya que el respeto a los textos aprobados debe formar parte de la preparación de quienes participan en la celebración de los misterios sagrados.

La referencia a Pablo VI y Juan Pablo II apunta a los libros litúrgicos promulgados después del Concilio Vaticano II. Pablo VI promulgó el nuevo Misal Romano, cuya primera edición típica apareció en 1970, mientras que Juan Pablo II aprobó su tercera edición típica en 2000.

Una formación que debe alcanzar a todo el pueblo de Dios

León XIV también insiste en que la formación litúrgica no puede quedar limitada a especialistas. Retoma en su carta las palabras de Francisco, quien en 2024 afirmó que esta formación debe ser una disposición interior de todo el Pueblo de Dios.

El Papa concede una responsabilidad particular a los ministros ordenados, llamados a ejercer como «mistagogos», es decir, a acompañar a los fieles en el conocimiento de los misterios sagrados.

Para León XIV, la celebración dominical de la Eucaristía constituye la principal oportunidad ordinaria para esta formación. Por ello, considera necesario profundizar en el ars celebrandi, que no corresponde únicamente al sacerdote que preside, sino también a toda la asamblea.

El objetivo, señala, es que los católicos sean formados «tanto para la liturgia como por la liturgia», mediante una adecuada formación y una celebración reverente.

La carta no aborda expresamente la Misa de 1962

La publicación de la carta se produce pocas semanas después de que el cardenal Roche afirmara que León XIV no modificaría Traditionis custodes ni restablecería el marco establecido por Benedicto XVI con Summorum Pontificum.

Sin embargo, la carta del Pontífice no contiene una referencia expresa al estatuto del Misal de 1962 ni confirma directamente esas declaraciones de Roche. Su contenido se centra en la formación litúrgica, la celebración de la Eucaristía y el respeto a los textos e instrucciones aprobados.

El encuentro de Mount Angel reúne a obispos, sacerdotes, religiosos y profesores para reflexionar sobre la formación litúrgica bajo la pregunta «¿Qué se necesita para una mejor formación litúrgica?». Las conclusiones de las deliberaciones serán posteriormente compartidas con León XIV.

La carta concluye encomendando los trabajos a María, Sede de la Sabiduría, y con la Bendición Apostólica para todos los participantes.

La carta concluye encomendando los trabajos a María, Sede de la Sabiduría, y con la Bendición Apostólica para todos los participantes.

Carta completa de León XIV al cardenal Arthur Roche

A Su Eminencia
el cardenal Arthur Roche
Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos

Le envío un cordial saludo a usted y a todos los reunidos en la abadía de Mount Angel, en Oregón, mientras reflexionan sobre el importante tema de la formación litúrgica del pueblo de Dios.

En su carta apostólica Desiderio desideravi, que describió la belleza de la profundidad teológica y espiritual de la liturgia, el papa Francisco subrayó la necesidad de una formación atenta y permanente, tanto del clero como de los laicos, para revitalizar la vida litúrgica de la Iglesia universal (cf. n. 38). Más tarde nos recordó que este tipo de formación «no es una especialización para unos pocos expertos, sino una disposición interior de todo el Pueblo de Dios» (Discurso a los participantes en la Plenaria del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 8 de febrero de 2024).

Por tanto, quisiera animarles a explorar caminos concretos para la formación litúrgica en todos los niveles del Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, no debemos «excluir una prioridad en la formación de aquellos que, en virtud del sacramento del Orden, están llamados a ser mistagogos, es decir, a tomar de la mano a los fieles y acompañarlos en el conocimiento de los santos misterios» (ibíd.).

Las primeras oportunidades prácticas para la formación litúrgica se encuentran en nuestra práctica habitual de reunirnos cada domingo para celebrar la Eucaristía. Estas celebraciones están insertas en el ritmo anual del año litúrgico, que tiene como centro el Misterio Pascual. Por esta razón, es esencial que sean también profundamente formativas, promoviendo una comprensión cada vez más profunda del ars celebrandi, expresado no sólo por quien preside la liturgia, sino también por toda la asamblea (cf. Desiderio desideravi, n. 54).

De este modo, mediante una formación adecuada y un culto reverente, los católicos serán formados tanto para la liturgia como por la liturgia (cf. ibíd., n. 34).

Además, para promover la celebración digna de los sagrados misterios, debemos subrayar la necesidad de fidelidad a los textos y las instrucciones aprobados. En mis recientes catequesis sobre la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, he llamado la atención sobre el respeto que todos aquellos llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, y los sacerdotes en particular, deben mostrar hacia los ritos promulgados por el papa san Pablo VI y el papa san Juan Pablo II.

Es vital que este respeto «nazca de una actitud interior de apertura y confianza en Dios, manifestando humildad ante su grandeza y sincera fidelidad a la comunión eclesial» (Catequesis, 27 de mayo de 2026).

Con estos sentimientos, encomiendo sus deliberaciones a María, Sede de la Sabiduría, e imparto de buen grado mi Bendición Apostólica a usted y a todos los presentes en este encuentro, como prenda de sabiduría y paz en el Señor.

Vaticano, 29 de junio de 2026

LEÓN PP. XIV

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