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El eneagrama: técnica esotérica que se infiltra en la Iglesia y en la formación profesional

– Con raíces en doctrinas ocultistas, el eneagrama es promovido en centros católicos y cursos de formación religiosa, pese a sus riesgos teológicos y psicológicos.

eneagrama

Eneagrama

(CATOLIN). – En los últimos años, el enneagrama se ha popularizado dentro de ciertos círculos espirituales y católicos como una supuesta herramienta de autoconocimiento y desarrollo personal. Sin embargo, varias voces autorizadas dentro de la Iglesia han expresado serias preocupaciones sobre su origen, sus fundamentos y sus implicaciones teológicas. Entre los más críticos se encuentra el P. Mitch Pacwa, jesuita y doctor en filosofía, quien ha señalado los graves problemas doctrinales y espirituales del enneagrama.

Orígenes ocultistas y místicos

El enneagrama no tiene raíces cristianas. Su introducción en Occidente se atribuye al georgiano George Ilych Gurdjieff, cuya familia esperaba que se ordenara sacerdote ortodoxo, pero que en cambio se fascinó por el ocultismo. Gurdjieff se dedicó a estudiar astrología, telepatía, espiritismo, adivinación y hasta la posesión demoníaca. Recorrió Asia Central, el Mediterráneo, Egipto, Tíbet e India en busca de conocimiento esotérico.

Durante sus viajes, Gurdjieff conoció el enneagrama a través de los sufíes, místicos musulmanes que utilizaban esta figura para la adivinación, la transformación personal y como símbolo místico del universo. Es importante señalar que no existe evidencia de que Gurdjieff conociera el enneagrama como un sistema de tipos de personalidad. Además, él adoptó doctrinas gnósticas como la existencia de una jerarquía espiritual perpetua encabezada por un espíritu superior que transmite revelaciones divinas para preservar la armonía planetaria.

Los sufíes enseñaban que la fe nace del entendimiento, producto de experiencias personales e información aprendida, una visión radicalmente opuesta a la enseñanza cristiana que considera la fe como un don gratuito de Dios. Gurdjieff también promovía la idea de un “centro mental”, “emocional” y “físico”, y que el desequilibrio entre ellos conduce a un estado de “sueño espiritual”. Según él, la esencia divina del ser humano queda oculta por una “personalidad” construida desde la infancia, y solo mediante un trabajo interior consciente se puede regresar a esa esencia.

Este concepto de “esencia” revela una visión panteísta: que el universo y todos en él son divinos por naturaleza. Muchos maestros del enneagrama siguen utilizando este lenguaje, a veces sin ser conscientes de sus raíces panteístas. El propio Gurdjieff usaba el enneagrama para interpretar significados místicos de decimales como .3333, .6666, y .9999 —asociados al triángulo central— y .142857, que se relaciona con la figura de seis lados dentro del círculo.

Invención moderna: Oscar Ichazo y Claudio Naranjo

Tras la muerte de Gurdjieff, surgieron múltiples grupos de estudio que continuaron su obra, uno de los más influyentes fue el “Arica training”, fundado por Oscar Ichazo en Chile. En la década de 1960, Ichazo colocó los siete pecados capitales sobre los números del enneagrama, agregando después el engaño y la cobardía para completar los nueve puntos. Claudio Naranjo, psicólogo chileno, conoció a Ichazo en 1968 y agregó descripciones breves a cada tipo.

Naranjo, en una conferencia en 1991 en San Diego, admitió que el enneagrama de la personalidad fue una invención moderna, refutando las afirmaciones de que tiene más de 2,000 años de antigüedad. Esto cuestiona seriamente su autenticidad: ¿cómo podrían los sufíes, que aparecieron en el siglo X, haber creado un sistema mil años antes? ¿Cómo podrían haber inventado un diagrama basado en el punto decimal, que fue desarrollado en el siglo XV?

Además, ni Gurdjieff ni sus discípulos hablaron jamás de tipos de personalidad. Es claro: el enneagrama de la personalidad fue desarrollado décadas después de su muerte y no posee ninguna base antigua o cristiana.

Críticas desde la fe y la razón

El P. Pacwa advierte que la supuesta antigüedad del enneagrama ha servido para evitar su escrutinio científico. No ha sido validado ni por psicólogos ni por estudios de largo plazo. Tampoco existen criterios claros para identificar a un “maestro auténtico” del enneagrama. Muchos de los autodenominados expertos carecen de formación sólida y utilizan métodos no aceptables desde el punto de vista científico.

Peor aún, muchas enseñanzas actuales sobre el enneagrama repiten ideas de Gurdjieff y Ichazo: que el pecado original ocurre cuando el niño crea su personalidad a los tres o cuatro años, y que el objetivo espiritual es “volver a la esencia” —una supuesta chispa divina interior. Estas ideas son panteístas y contrarias al cristianismo.

También se ha difundido la falsa doctrina de que los nueve tipos del enneagrama representan nueve demonios o los “nueve rostros de Dios” invertidos. Esto contradice absolutamente la fe cristiana, que enseña que Dios es Uno y Trino, no nueve rostros ni múltiples personalidades.

Un llamado a la fidelidad doctrinal

El P. Pacwa concluye con firmeza: “No puedo concebir ninguna circunstancia en la que confiaría en un director espiritual que use el enneagrama, ni asistiría a un centro de retiros que lo enseñe o lo permita”.

Agrega que quienes se sienten atraídos por estas modas suelen carecer de un conocimiento profundo de la auténtica sabiduría espiritual de la Iglesia, y por eso terminan buscando “soluciones” que, lejos de ayudar, pueden poner en peligro su alma.

Por todo esto, el enneagrama no debe ser usado ni promovido dentro del ámbito católico. Su origen ocultista, su contenido gnóstico y panteísta, y su falta de validación científica lo convierten en una herramienta peligrosa que contradice la fe. Los católicos deben formarse en las verdades reveladas por Cristo y enseñadas por la Iglesia, y desconfiar de todo sistema espiritual que no esté enraizado firmemente en la doctrina.

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