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Carmelitas Descalzos dejan el templo de San Ángel tras más de 400 años de presencia en México

– La orden entregará el recinto a la Arquidiócesis en octubre debido a la falta de vocaciones y el envejecimiento de sus frailes

Carmelitas Descalzos dejan el templo de San Angel tras mas de 400 anos de presencia en

Iglesia del Carmen, un templo donde se vive el silencio y la oración. Foto por Ricardo Sánchez.

(CATOLIN).- Después de más de cuatro siglos de presencia ininterrumpida, los Carmelitas Descalzos anunciaron que en octubre dejarán la administración del templo de Nuestra Señora del Carmen, en el histórico barrio de San Ángel, al sur de la capital mexicana. La decisión responde a la escasez de vocaciones religiosas y al desgaste de una comunidad compuesta mayoritariamente por frailes de edad avanzada.

La orden, que llegó a México en 1585, inició la construcción del templo en 1615 bajo la dirección de fray Andrés de San Miguel, siendo consagrado en 1626. Desde entonces, el cuidado pastoral del recinto había estado a cargo de los carmelitas.

Fray José Miranda Martín, conventual y ecónomo provincial, explicó que la realidad actual ha hecho insostenible la permanencia en San Ángel: «No hay vocaciones, estamos reducidos en número, y se está cargando mucho el trabajo en algunos frailes». La decisión, añadió, se tomó tras una evaluación de las autoridades de la orden que constató la fragilidad de la comunidad: «Somos muy pocos, muchos ya adultos, con pocas posibilidades de vida apostólica, otros enfermos y sin suficientes vocaciones».

El retiro no afectará únicamente a San Ángel. Los Carmelitas también dejarán el templo de Nuestra Señora del Carmen en San Luis Potosí y trasladarán su casa provincial del barrio de Mixcoac al convento de San Joaquín, en Tacuba. Actualmente, la orden mantiene 16 comunidades en nueve estados del país, además de la rama femenina de Carmelitas Descalzas y la participación de laicos en la Orden Seglar.

La escasez de vocaciones afecta a toda la región. Según fray Miranda, en Guatemala y Nicaragua también se han visto obligados a entregar templos. «Tenemos muchos frailes de entre 70 y 90 años, muchos enfermos. Los jóvenes, por su parte, creen que no son capaces de una vida de pobreza, castidad y obediencia», explicó.

Ante esta situación, el religioso hizo un llamado a las familias, sacerdotes y comunidades a acompañar a los jóvenes en el discernimiento vocacional: «Hay que creerle a Dios que llama. No es fanatismo ni radicalidad sin fundamento. Dios quiere construir su Iglesia con nosotros, no sin nosotros».



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