El algoritmo no decide qué es verdad: el padre Francisco Javier Bronchalo reflexiona sobre la fama y las redes sociales
– El sacerdote español publicó un carrusel en redes sociales en el que analiza cómo los influencers pueden convertirse en personajes, cómo la audiencia puede elevarlos y derribarlos, y los riesgos de vivir bajo la lógica del algoritmo y del aplauso digital.

(CATOLIN). – El padre Francisco Javier Bronchalo publicó en sus redes sociales un carrusel de reflexión sobre la dinámica de la fama en internet, especialmente en torno a los influencers y la relación que mantienen con sus seguidores.
Bajo la premisa de que «no es mala suerte, ni casualidad», sino «el sistema funcionando exactamente como está diseñado», el sacerdote plantea ocho reflexiones sobre la manera en que las redes sociales construyen, impulsan y posteriormente pueden derribar a determinadas figuras públicas.
En primer lugar, Bronchalo distingue entre la persona y el personaje que se construye en redes sociales. A su juicio, muchas veces los seguidores no terminan siguiendo a la persona real, sino a la versión digital que esta proyecta. Por ello, cuando ese personaje falla o deja de responder a las expectativas creadas, la admiración puede transformarse rápidamente en rechazo.
El sacerdote también advierte sobre lo que denomina una «deuda emocional» generada por los seguidores. Los likes y el reconocimiento pueden crear una expectativa de perfección constante que resulta difícil de mantener. Cuando el contenido deja de alcanzar ese nivel esperado, señala, aparecen rápidamente las críticas.
Otro de los puntos abordados es la transformación de los influencers en memes como una forma de «venganza» de la masa. Bronchalo sostiene que quienes ayer elevaron a una persona pueden ser los mismos que mañana la derriben, para después repetir el proceso con una nueva figura.
En este sentido, cuestiona que los influencers sean percibidos como personas con dignidad, pues tanto el algoritmo como determinados sectores de la audiencia pueden terminar tratándolos únicamente como contenido destinado al consumo y al entretenimiento.
El quinto punto se centra en el peligro de creerse los aplausos. Bronchalo considera que el reconocimiento obtenido mediante likes no necesariamente representa un cariño auténtico y recuerda que las modas son transitorias. Por ello, afirma que un influencer no es necesariamente «tan bueno como dicen los que le aplauden, ni tan malo como creen los que le tiran hate».
La reflexión continúa con una advertencia sobre la velocidad con la que se construye la fama en internet: «Lo que rápido sube, rápido baja». Para el sacerdote, alcanzar rápidamente una gran audiencia sin construir una base sólida puede explicar que algunas caídas sean tan pronunciadas como fueron sus ascensos.
Bronchalo también señala que los seguidores pueden cambiar con el tiempo. Quienes inicialmente buscan impacto y espectáculo pueden terminar demandando contenidos de mayor calidad, verdad y profundidad. Por ello, considera que quien no madura junto con su audiencia puede terminar quedándose solo.
Finalmente, el sacerdote centra su atención en el algoritmo. «El algoritmo no decide qué es verdad, decide qué se ve», afirma. Según su reflexión, las plataformas tienden a favorecer aquello que genera mayor impacto, mientras que el creador puede comenzar, incluso sin darse cuenta, a actuar de acuerdo con aquello que sabe que será más visible.
Sin embargo, Bronchalo recuerda que los algoritmos también cambian. Frente a esta dinámica, concluye con una invitación a no vivir exclusivamente para ser vistos, sino a «pensar y obrar de verdad y para que te vean».
La reflexión plantea así una cuestión que va más allá de los influencers: qué ocurre cuando la búsqueda de reconocimiento digital termina condicionando la identidad, las decisiones y la manera en que una persona se relaciona con quienes la siguen.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




