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El cardenal Joseph Zen lanza duras críticas a la sinodalidad en el primer consistorio de León XIV

– El arzobispo emérito de Hong Kong cuestionó el proceso del Sínodo sobre la Sinodalidad, denunció su “manipulación blindada” y advirtió riesgos de fractura eclesial

El cardenal Joseph Zen lanza duras criticas a la sinodalidad en el primer consistorio de Leon XIV

Cardenal Zen y Papa León XVI. Foto por: The College of Cardinals Report

(CATOLIN).- Durante el consistorio extraordinario de cardenales celebrado en Roma los días 7 y 8 de enero, el primero del pontificado del papa León XIV, el cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, protagonizó una de las intervenciones más contundentes del encuentro. El consistorio contó con la participación de alrededor de 170 cardenales y se desarrolló a puerta cerrada en el Vaticano.

La alocución del purpurado, de 93 años, se extendió por los tres minutos asignados a cada cardenal y se centró en la sinodalidad, uno de los dos temas finalmente abordados, después de que se informara a los participantes que, por falta de tiempo, no se tratarían los cuatro asuntos inicialmente previstos. Zen intervino directamente sobre la nota del papa Francisco que acompañó al Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad, desarrollado entre 2021 y 2024.

Según los informes publicados por The College of Cardinals Report, el cardenal cuestionó de raíz la afirmación del pontífice anterior de que, con dicho documento, se “devuelve a la Iglesia” lo elaborado mediante la escucha del Pueblo de Dios y el discernimiento del episcopado. A partir de ello, formuló una serie de preguntas clave: si el Papa pudo escuchar realmente a todo el Pueblo de Dios, si los laicos participantes lo representaban de verdad y si los obispos tuvieron la posibilidad de realizar un discernimiento auténtico que implicara discusión y juicio.

Zen sostuvo que la “escucha” realizada para el Sínodo no abarcó a todo el Pueblo de Dios y puso en duda que el proceso permitiera un discernimiento real entre los obispos. En ese contexto, denunció lo que calificó como una “manipulación blindada del proceso”, afirmando que esta constituía un “insulto a la dignidad de los obispos”.

Uno de los pasajes más duros de su intervención se dirigió contra el uso reiterado del lenguaje espiritual para legitimar el proceso. El cardenal consideró que la constante invocación del Espíritu Santo era “ridícula y casi blasfema”, al sugerir implícitamente que el Espíritu podría repudiar aquello que Él mismo inspiró en la Tradición bimilenaria de la Iglesia. En la misma línea, rechazó la idea de que el Papa escuchara directamente al Pueblo de Dios “sin pasar por el Colegio Episcopal”, presentando este método como el marco interpretativo del ministerio jerárquico.

El purpurado también criticó la ambigüedad del estatuto del Documento Final, presentado como magisterial pero “no estrictamente normativo”, vinculante y al mismo tiempo abierto a diversas mediaciones e interpretaciones locales. Ante ello, planteó nuevas preguntas sobre si el Espíritu Santo garantizaría la ausencia de interpretaciones contradictorias, especialmente dadas las expresiones ambiguas del texto, y sobre quién debería juzgar los resultados de la llamada “experimentación y prueba”, incluida la “activación creativa de nuevas formas de ministerialidad”: los obispos o instancias como la Secretaría del Sínodo y la Curia romana.

Zen advirtió que la coexistencia de interpretaciones divergentes podría conducir a una fractura eclesial similar a la vivida por la Comunión Anglicana. Desde esa perspectiva, amplió su reflexión al ámbito ecuménico, señalando que las Iglesias ortodoxas nunca aceptarían la llamada “sinodalidad bergogliana”, pues para ellas la sinodalidad significa el ejercicio real del Sínodo de los Obispos y no una forma indiferenciada de gobierno eclesial. En este contexto, afirmó que este modelo de sinodalidad acerca más a la Iglesia católica a la experiencia anglicana, marcada precisamente por divisiones internas.

En la conclusión de su intervención, el cardenal resumió su crítica con una afirmación especialmente contundente: que el papa Francisco “explotó la palabra ‘Sínodo’, pero hizo desaparecer el Sínodo de los Obispos”, institución establecida por san Pablo VI.

Traducción al español de la intervención completa del cardenal Zen, cuya versión en inglés fue publicada por The College of Cardinals Report.

SOBRE LA NOTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

El Papa [Francisco] afirmó que, con el Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad, devolvía a la Iglesia lo que se ha elaborado durante estos años (2021-2024) mediante la escucha (del Pueblo de Dios) y el discernimiento (del Episcopado).

Pregunto:

¿Ha podido el Papa escuchar a todo el Pueblo de Dios?

¿Representan los laicos presentes al Pueblo de Dios?

¿Han podido los obispos elegidos por el Episcopado realizar un trabajo de discernimiento, que sin duda debe consistir en la disputa y el juicio?

La férrea manipulación del proceso es un insulto a la dignidad de los obispos, y la continua referencia al Espíritu Santo es ridícula y casi blasfema (esperan sorpresas del Espíritu Santo; ¿qué sorpresas? ¿Que repudie lo que inspiró en la Tradición bimilenaria de la Iglesia?).

El Papa, “sin pasar por el Colegio Episcopal, escucha directamente al Pueblo de Dios”, y lo llama “el marco interpretativo adecuado para comprender el ministerio jerárquico”.

El Papa afirma que el Documento es magisterio, “comprometiendo a las Iglesias a tomar decisiones coherentes con lo que en él se afirma”. Pero también afirma que “no es estrictamente normativo… Su aplicación requerirá diversas mediaciones”; “las Iglesias están llamadas a implementar, en sus diferentes contextos, las propuestas autorizadas contenidas en el documento”; “la unidad de enseñanza y práctica es ciertamente necesaria en la Iglesia, pero esto no excluye diversas maneras de interpretar algunos aspectos de esa enseñanza”; “cada país o región puede buscar soluciones más adecuadas a su cultura y sensibles a su tradición y necesidades”.

Pregunto:

¿Garantiza el Espíritu Santo que no surgirán interpretaciones contradictorias (especialmente dadas las numerosas expresiones ambiguas y tendenciosas del documento)?

¿Son los resultados de esta “experimentación y prueba”, por ejemplo, (de la “activación creativa de nuevas formas de ministerialidad”), que se someterá al juicio de la Secretaría del Sínodo y de la Curia Romana? ¿Serán estos más competentes que los obispos para juzgar los diferentes contextos de sus iglesias?

Si los obispos se consideran más competentes, ¿no conducen las diferentes interpretaciones y decisiones a nuestra Iglesia a la misma división (fractura) que se encuentra en la Comunión Anglicana?

Perspectivas sobre el ecumenismo

Dada la dramática ruptura de la comunión anglicana, ¿nos uniremos al arzobispo de Canterbury (que se mantiene con solo alrededor del 10% de la comunidad anglicana mundial), o a la Conferencia Global Anglicana del Futuro (que conserva alrededor del 80%)?

¿Y con los ortodoxos? Sus obispos nunca aceptarán la sinodalidad bergogliana; para ellos, la sinodalidad es “la importancia del Sínodo de los Obispos”. El Papa Bergoglio ha explotado la palabra Sínodo, pero ha hecho desaparecer el Sínodo de los Obispos, institución instituida por Pablo VI.

Cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong

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