San Pío de Pietrelcina: El Santo Crucificado que Ofreció su Vida por la Redención del Mundo
– El apóstol Pablo, en su carta a los Corintios, describe que «una estrella se diferencia de la otra en el resplandor» (1 Cor 15,41), y San Pío brilla como una de las más grandes luminarias del firmamento eclesial.

San Pio de Pietrelcina
(CATOLIN).-
San Pío de Pietrelcina: el estigmatizado sacerdote que revivía la Pasión de Cristo
Hoy, 23 de septiembre, la Iglesia Católica celebra la memoria litúrgica de San Pío de Pietrelcina, una figura emblemática en la historia de la santidad de la Iglesia. Nacido el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, Italia, bajo el nombre de Francesco Forgione, este santo capuchino fue elegido por Dios para una vida de sufrimiento, oración y dedicación absoluta a la conversión de los pecadores.
El apóstol Pablo, en su carta a los Corintios, describe que «una estrella se diferencia de la otra en el resplandor» (1 Cor 15,41), y San Pío brilla como una de las más grandes luminarias del firmamento eclesial. A lo largo de su vida, sus dones extraordinarios y su sacrificio personal lo destacaron como un santo atípico y profundo, llamado a llevar sobre sus propios hombros los sufrimientos de Cristo, tal como lo atestiguan su vida y su legado.
Los comienzos de un santo
A los dieciséis años, Francesco ingresó al noviciado de los Frailes Capuchinos y adoptó el nombre de Pío. Fue ordenado sacerdote en 1910, pero su ministerio no sería común. En 1916, fue destinado al convento de San Giovanni Rotondo, donde permanecería hasta su muerte el 23 de septiembre de 1968. Allí, su vida tomó un cariz radicalmente místico y sacrificial, siendo reconocido no solo por su capacidad de conversión, sino también por los estigmas que portaba en manos, pies y costado.
Los estigmas: Un sacerdote crucificado
El 20 de septiembre de 1918, el padre Pío experimentó un fenómeno que marcaría el resto de su vida: la aparición de los estigmas. Tal como él mismo relató en una carta dirigida a su director espiritual, el padre Benedetto, después de la Misa de ese día fue envuelto en una experiencia mística en la que vio a «un misterioso personaje», cuyas manos, pies y costado emanaban sangre. Al desaparecer la visión, Pío se dio cuenta de que sus propios miembros habían sido horadados y sangraban, reflejando las llagas de Cristo crucificado. Estos estigmas, que mantuvo durante 50 años, lo asociaron de manera singular a los sufrimientos de Jesús.
El padre Pío revivía la Pasión de Cristo en cada Eucaristía que celebraba. Según el testimonio de testigos como el sacerdote Alejandro Lingua, su devoción era evidente desde el inicio de la Misa hasta la Comunión, momento en el cual, el «Divino Crucificado» parecía unirse a él de una manera mística y tangible.
Vida penitente y de sacrificio
La vida del padre Pío fue una ofrenda continua a Dios, caracterizada por una austeridad extrema y una dedicación al confesonario. Fray Leandro Sáez de Ocariz, uno de sus biógrafos, detalla cómo su alimentación era escasa, y su tiempo de descanso, limitadísimo. Durante sus mejores años, el santo realizaba una sola comida al día, y confesaba a los fieles desde el amanecer hasta avanzada la tarde. En algunas ocasiones, se reporta que pasó hasta 18 horas confesando ininterrumpidamente.
Su salud, a menudo delicada, era un misterio para los médicos. El doctor Romanelli se sorprendía de cómo, con tan poca energía y una dieta insuficiente, el padre Pío lograba llevar a cabo un trabajo tan exigente. Sin embargo, su vida penitente no se limitó a sus sacrificios corporales.
Ataques del mal y éxtasis místicos
Al igual que el santo Cura de Ars, el padre Pío fue atacado de manera recurrente por el diablo. Según el testimonio de su amigo y director espiritual, el padre Agustín de San Marco in Lamis, el demonio se le aparecía a Pío en diversas formas: como un gato negro, mujeres seductoras, e incluso bajo la apariencia de la Santísima Virgen. Estos ataques solían culminar en visiones místicas, donde Pío era consolado con apariciones de Jesús, la Virgen María, y otros santos, como San Francisco de Asís.
Obras de caridad: la Casa de Alivio del Sufrimiento
A pesar de sus sufrimientos personales, el padre Pío también fue un hombre de acción. En 1956, fundó el hospital «Casa de Alivio del Sufrimiento» en San Giovanni Rotondo, un centro que sigue siendo un referente en la atención a enfermos. Además, su influencia espiritual llevó a la creación de los Grupos de Oración, los cuales se han expandido por todo el mundo y continúan siendo un testimonio vivo de su obra.
Un hombre de humor y cercanía
A pesar de la intensidad de su vida espiritual, el padre Pío nunca perdió su sentido del humor. Los relatos de sus discípulos y amigos cercanos describen a un fraile jovial, que gustaba de contar chistes y anécdotas graciosas. Incluso en momentos de enfermedad, mantenía su buen humor. Se cuenta que, estando gravemente enfermo, comentó a sus hermanos: «Ellos cantan como el gallo, mientras que yo hago lo de la gallina: aguanta, sufre, calla… y pone huevos».
Canonización y legado
En 2002, el papa Juan Pablo II canonizó al padre Pío, reconociendo oficialmente su santidad y la gran devoción que inspiraba en millones de personas alrededor del mundo. Su vida fue un ejemplo de sacrificio, amor a Dios y dedicación al prójimo, marcada por fenómenos extraordinarios como la bilocación, los éxtasis y los milagros.
La figura del padre Pío sigue viva en los corazones de los fieles que, atraídos por su ejemplo, buscan imitar su fe y su entrega incondicional al Señor.

CEO de CATOLIN, Lic. en comunicación por la Universidad Anáhuac Veracruz Campus Xalapa, Mtro. en Mercadotecnia por la Universidad de Xalapa, Fotógrafo y rapero católico.




