Cartas muestran la “fe ciega en Dios” que tenía el general Gorostieta - CATOLIN

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Cartas a su esposa, muestran la “fe ciega en Dios” que tenía el general cristero Gorostieta

- La Guerra Cristera se remonta a mediados del siglo XIX.


Por: Alejandra Villegas
CATOLIN
General Enrique Gorostieta. Foto tomada de: Pastoral Siglo XXI.

Xalapa, Ver. 19 Jul 21. 12:30 Hrs.- (CATOLIN).- La nieta del general cristero Enrique Gorostieta, líder del bando cristero durante la guerra contra el gobierno laicista y anticlerical en México, reveló que su abuelo expresaba su “fe ciega en Dios” a través de las cartas dirigidas a su esposa.

    En 2019 en entrevista concedida a Pastoral Siglo XXI, periódico de la Arquidiócesis de Monterrey, María Teresa Pérez Gorostieta dijo que Gertrudis Lasaga Sepúlveda, su abuela y viuda del general cristero, falleció en 1984 “y dejó las cartas envueltas en un chal a mi mamá. Un día de 1985, ella lo tomó y lo sintió algo como papeles, fue cuando los nietos las leímos”.

    En una de estas, Gorostieta le escribe a Gertrudis: “así pues, mi esposa idolatrada, con la práctica de estos factores que a nuestro alcance están: tolerancia, confianza, sacrificio, conformidad, respeto y amor de los hijos, sobre la inconmovible base del profundo amor que Dios nos dio al uno para el otro, hemos logrado lo que tenemos”.

    Más adelante, expresa a su esposa “mientras dure esta insurrección no pierdas la fe, consérvate tranquila que de eso depende mi éxito. Reza, no se te olviden mis recomendaciones”.

    Por muchos años se pensó que el general Gorostieta era masón y agnóstico, y así fue plasmado por el historiador Jean Meyer, autor del libro La Cristiada. Sin embargo, recientemente, el historiador admitió su error a través de un artículo publicado.

    Al respecto, la nieta del general cristero dijo que “de adolescente me dolía (que se pensara que era ateo) porque vivía mi abuela y ella sufría con eso”.

     “Cuando estudié leyes me importó menos, porque me enorgullecía que hubiera defendido el derecho a la libertad y, aunque dijeran que no era creyente, como quiera se reconocía el mérito”.

     Añadió, “cuando me acerqué más a la Iglesia fue justo en el tiempo que leí las cartas y eso, bueno, para mí fue explosivo porque no solo era mérito civil de hombre, de honor, sino mérito ante Dios como hombre espiritual y su familia teníamos sangre de mártir, ¡así que imagínate!”.

    La Guerra Cristera se remonta a mediados del siglo XIX, cuando el gobierno de Benito Juárez, con las Leyes de Reforma, retiró propiedades a la Iglesia Católica en México. Concluyó oficialmente el 21 de junio de 1929, con la firma de acuerdos entre el Arzobispo mexicano Leopoldo Ruiz y Flores, como delegado apostólico del Papa Pío XI, y el entonces presidente del país, Emilio Portes Gil.

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